Lo cierto es que vivimos en un mundo como extraviado, una sociedad como desengañada que en gran medida ha dejado de creer y que mayoritariamente anhela poder satisfacer sus necesidades de consumo para vivir o sobrevivir en medio del predominante e imperativo entorno consumista que le somete y condiciona sin posible escapatoria. Ya se ha perdido la fe, la religión por ejemplo, tras la paulatina caída del monopolio del catolicismo y de todo cristianismo institucional como aliado infalible del poder político-económico y militar, ha dejado de ser desde todos los credos existentes desde oriente hasta occidente, una fuente de verdad y de filosofías de vida atractivas y convincentes a las mayorías, para convertirse en un sucio negocio, una lamentable oferta de terapia psico-social en la que cada credo promueve sus fundamentos doctrinales buscando conservar o acrecentar su “clientela o feligresía”, desde lo que se busca realmente recaudar dinero y bienes que aseguren el predominio...
"Reflexiones sin Censura"(Por Fernán Tamayo)