La humanidad, sin duda la única especie dotada por la naturaleza para una comprensión y afición desordenada a la imaginación y sus falaces producciones; sin duda, la única especie que no vive sólo de pan, sino del sinnúmero de estímulos agudizados por la suprema fuerza de su imaginación desmedida. “No sólo de pan vive el hombre”, dijo Cristo según el evangelio, parece haber sabido de la importancia de la dimensión “psíquico-espiritual” del ser humano cotidiano. ¿Acaso consuelo falaz a una existencia cruda? ¿acaso trampa sutil al desaforado instinto animal que alberga el hombre? Pero sí, lo cierto es que “no sólo de pan vive el hombre”, sino de todo alimento cultural que le subyuga cual esclavo resignado, mostrándole infinidad de sentidos, fines y objetivos a una existencia consciente que sufre por los innúmeros interrogantes de su ser en el cosmos… Así, todo alimento cultural ofrece al hombre consuelos ciertos que van desde las artes y las ciencias, hasta las más penosas exposici...