Muchos esperaban que las protestas de este 2021 en Colombia lograran resultados de mayor impacto, que dieran mayores muestras de la importancia de la ciudadanía en lo que respecta a la consideración y abordaje democrático de la administración pública, sin embargo, lo que ha pasado es sorprendente pero predecible.
Claro es que la política latinoamericana desde sus inicios siempre ha estado marcada por la corrupción y la discriminación hacia las mayorías, sin embargo, es claro también que tal desprecio ha sido más marcado en unas naciones que en otras.
Lo que ha pasado en Colombia empero, era de esperarse, el gobierno se negó a negociar con nadie, primero acabó con el llamado paro de todos los sectores, además de asesinar a muchos de los jóvenes manifestantes en las calles, que aún hoy siguen asesinando en las protestas. La visita y los informes de la (CIDH), al parecer quedó en eso, visita e informes, nadie va a intervenir, y el gobierno al parecer va a terminar por imponer su voluntad hasta donde las muertes por el Covid lo permitan. Han demostrado de lo que son capaces y seguro seguirán por el mismo camino. Así pues, se hace más que evidente que las lamentables bases del poder real, dan resultados, obedeciendo por supuesto a la lucha y predominio del más fuerte. Parece que el sistema democrático tan sólo fuera una especie de escenario ficticio para perpetuar el poder de los de siempre, los que tienen a su disposición más fuerza violenta sofisticada y más poder financiero para sostenerla.
Es fácil entender cómo un empresario rico, sus amigos y familiares, sean defensores panfletarios y propagandistas de políticos de ultraderecha, ya que tales personajes siempre les han favorecido y les favorecerán con contrataciones públicas y demás negociaciones con sus empresas y sus muchos negocios personales que les hacen cada vez más millonarios y les afianzan en esa misma “rosca” de la que es lógico que no quieran salir jamás. Lo más cierto también, es que tales roscas mayoritariamente “tienen ya en sus bolsillos” a la mayoría de los políticos realmente importantes que bien pudieran atentar contra sus intereses de manera contundente y real, así pues, lo más cierto es que como bien dice la canción: “la suerte está echada”, la administración pública seguirá siendo de los mismos y el resto “jodido”, las mayorías sin más oportunidad que su salario si es que lo tienen o de su actividad económica por informal que pueda ser. Resulta sin embargo curioso, ver a tantos pobres v...

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