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La Cruda Realidad que todos temen...

 

 

Lo cierto es que vivimos en un mundo como extraviado, una sociedad como desengañada que en gran medida ha dejado de creer y que mayoritariamente anhela poder satisfacer sus necesidades de consumo para vivir o sobrevivir en medio del predominante e imperativo entorno consumista que le somete y condiciona sin posible escapatoria.


Ya se ha perdido la fe, la religión por ejemplo, tras la paulatina caída del monopolio del catolicismo y de todo cristianismo institucional como aliado infalible del poder político-económico y militar, ha dejado de ser desde todos los credos existentes desde oriente hasta occidente, una fuente de verdad y de filosofías de vida atractivas y convincentes a las mayorías, para convertirse en un sucio negocio, una lamentable oferta de terapia psico-social en la que cada credo promueve sus fundamentos doctrinales buscando conservar o acrecentar su “clientela o feligresía”, desde lo que se busca realmente recaudar dinero y bienes que aseguren el predominio de sus líderes que cada vez se muestran más opulentos, poderosos y fanáticamente aferrados a ese poder y prestigio, que según ellos sigue siendo producto de la bendición y aprobación de la divinidad.


Es fácil entender así en pleno siglo XXI las ambiciones políticas de cristianos y musulmanes y las consecuencias de tales ambiciones e influencias sobre las mayorías del mundo humano.


Y es que si se piensa con detenimiento, toda creencia religiosa siempre se ha aliado en gran medida con los poderes de turno, para logro pleno del control y sometimiento de las mayorías en respaldo y apoyo al control represivo que legítimamente ejerce el estado sobre las masas con el “monopolio de la violencia” de las fuerzas armadas legítimas.


Y es que las mayorías están jodidas, siempre han estado condenadas a guardar silencio ante las reales condiciones y acontecimientos políticos y económicos que les afectan directamente.


Primero, el feudalismo pareció acabar con la esclavitud y mejorar las condiciones de vida, pero todo siguió igual, luego, la ilustración y el liberalismo pareció ser el mejor logro de una humanidad esclavizada, pero al igual que el feudalismo, todo no fue más que una farsa para beneficio egoísta de sus promotores como sector socioeconómico, impulsado en gran medida por el avance tecno-científico y la recolución industrial; esa idealogía política grandemente monopolista y excluyente no hizo más que lo mismo, enfatizar el abuso, la explotación laboral, el asesinato de sindicalistas y asociaciones de trabajadores que luchaban por un trato más digno por parte de sus empleadores, que siempre respondían con mercenarios, vulgares sicarios que con terroríficas accion es dieron lugara lo que hoy en día es la celebración del día del trabajo. Condiciones laborales tan injustas incluso para la mujer, lo que daría lugar también a lo que actualmente conmemoramos como Día de la Mujer.


Todo este interminable conflicto que aún existe en pleno siglo XXI, mostró el indiscutible fracaso del salvaje capitalismo monopolista que aún sigue vigente hoy, condenando a las mayorías al subdesarrollo y la pobreza desde sus políticas económicas que “huelen a soborno” y a alianzas macabras con líderes criollos corruptos que siguen desangrando a sus propios pueblos.


Que tristeza, ésto, hasta la vergonzosa “masacre de las bananeras en Colombia”, donde las fuerzas armadas legítimas del estado en lugar de guardar el orden y defender el interés nacional, lo que defendieron fue el interés de los empresarios extranjeros.


Desengaño total, este capitalismo mal llevado no es más que sometimiento esclavista que sólo enriquece al patrón, al empresario, buscando siempre tener a las masas en la miseria, propiciando siempre la necesidad y el sometimiento absoluto en el que las condiciones reales para un emprendimiento eficaz sean sólo posibles a los económicamente favorecidos, “los de la misma rosca”.


Pero llega la idea de revolución, de cambio, de sociedad igualitaria, desde el marxismo en adelante, promoviendo levantamiento armado de masas obreras, lo que al final produjo crueles dictaduras como la de J. Stalin en la Unión Soviética y el sometimiento militarista de las masas ahora negando de manera abierta y hasta legítima la libertad de expresión para poder monopolizar así políticamente a las naciones.


Esta lamentable ideología alimentó la dignidad y el orgullo herido de pueblos enteros, que indignados desde consideraciones como las de Frantz Fanon, Fidel Castro y el Che Guevara, se dieron a la consideración idealizada y en parte hasta romántica de regímenes y guerrillas inmisericordes que ennoblecieron el asesinato, la tortura y todo tipo de explotación y sometimiento que jamás daría fruto positivo en la historia del ser humano.


Al fin y al cabo, lo único que medio ha servido puesto que funciona de manera excluyente y marginadora en lo que respecta a la política económica y al comercio internacional es el “estado de bienestar”. Eso sí, teniendo mucho cuidado de la corrupción y los líderes corruptos que desde las políticas neoliberales quieren seguir desangrando a sus propios pueblos.


Pero ¿qué sucede entonces?


Pues que los líderes del salvaje capitalismo monopolista mundial en su afán por monopolizar al máximo posible la gestión de los recursos planetarios, han desarrollado a fuerza de inversiones y donaciones de sus legítimas instituciones financieras, todo tipo de alianzas político-militares con el fin de polarizar al mundo a su antojo para sacar siempre provecho económico.


Con sus presiones político-económicas y comerciales condenan a todo pueblo cuyos líderes busquen real independencia y autonomía financiera en la gestión de sus propios recursos y riquezas naturales y hasta han financiado poderes militares y paramilitares para logro de la configuración neoliberal que buscan para todos sus súbditos y aliados.


¿Acaso se puede esperar algo realmente diferente a la represión y al poder armado?


Es triste admitirlo, pero parece que no.


Pero ¿Cuál es el verdadero poder detrás del poder político?


Al parecer vivimos en una sociedad hipócrita, una sociedad donde se habla de legitimidad, hasta pasar incluso por encima de los Derechos Humanos en nombre de la ley y el derecho. Realmente el derecho se ha convertido en el nuevo “sacerdocio del mundo”, cuya religión predominante es la “Ley”. El mundo humano se ha convertido en un mundo legalista, un mundo donde todo tiene que ser legal y legítimo o por lo menos parecerlo y tener las certificaciones legales de los poderes institucionales de turno.


Pero ¿qué es la ley? ¿existe una ley natural cuando hablamos de justicia y derecho?


Si así fuera, estaríamos hablando de una ley moral natural objetiva ¿cuyo sustento estaría dónde?


¿En la naturaleza, desde consideraciones biológicas y ecológicas?


Si fuera así, las leyes serían muy injustas y crueles, peor de lo que son hoy en día.


pero ¿y entonces? ¿acaso estaría su sustento en Dios? ¿sería válida realmente una moral teísta?


Lo cierto es que la misma historia humana ha demostrado que las consideraciones teístas de la ley siempre han sido las más crueles, inhumanas, arbitrarias y subjetivas por lo cual tal posibilidad no es viable.


No queda más que considerar lo que ya tantos teóricos de la filosofía del derecho han considerado, que las leyes y la moral son un producto positivo de la racionalidad y el desarrollo cognitivo del ser humano.


Pero ¿cómo ha sido posible en la historia humana la constitución de lo que se llama “Estado legítimo”?


Lo cierto es que todo comienza con el inicio de la actividad agrícola y la valoración de la tierra como riqueza y fuente de todo tipo de recursos, esto fue lo que provocó diversos tipos de ordenamiento socio-económico y político-administrativo, muchos de los cuales no funcionaron, pero lo que sí funcionó desde el principio fue la organización militar para el combate y defensa armada y violenta del estado y sus recursos, es de esta manera como las fuerzas armadas y militares se constituyen en el elemento más importante para la defensa del estado.


De esta manera es como la administración se asentó sobre el elemento militar armado y sobre el elemento productivo para la explotación de la tierra y la extracción de riqueza.


Desde el principio el abuso y la violencia se impuso y los líderes más astutos usurparon el poder y se asentaron para eternizarse en el mismo con sus familias, así comienza la monarquía hasta llegar a todos sus excesos, sus vicios y su injusticia ya bien conocida y estudiada por la historia.


El surgimiento de la burguesía con su esforzado trabajo y actividad agrícola, comercial y artesanal en sus inicios, logra grandes recaudos a lo largo de los siglos, poniéndoles así en real ventaja socioeconómica ante la monarquía para introducir así un real y novedoso cambio en el sistema social.


Los burgueses fueron así los primeros “plebeyos” que pudieron acceder a educación y obtener valiosa información que permitiría el desarrollo de un pensamiento crítico que impulsaría el desarrollo científico, la tecnología y la revolución.


Revolución política, contra la monarquía y su sistema político-económico corrupto, lo que contribuiría a una real estructuración del estado en el periodo moderno.

Triunfó la ideología burguesa, el liberalismo político-económico, que prometía la real mejora y salvación del mundo hacia el futuro.


¿Pero qué ha pasado realmente? ¿Cuál sigue siendo el verdadero poder detrás del poder político?


Muchos creyeron que el fin de las monarquías realmente funcionales y activas mejoraría las condiciones de vida de los pueblos, los pueblos invadidos, colonizados y explotados por las monarquías, vieron en el liberalismo una real esperanza de libertad que fue traicionada.


Los líderes criollos de las revoluciones independentistas ansiosos del poder se presentaron como la alternativa ante la tradicional opresión injusta de los mismos de siempre, pero lo único que hicieron fue convertirse en los de siempre y seguir con el juego legitimándose y monopolizándo el poder, “poder”, esa palabra tan repetida pervertida que representa casi que lo fundamental de las ambiciones humanas y del reino animal, reino que sigue y reina por los siglos de los siglos…


         





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