Lo cierto es que el grueso del personal militar y de policía en Colombia procede de las clases bajas y de clases medias que con sacrificio logran pagar las matrículas de sus hijos en las escuelas militares y de policía con la esperanza de que sus niños tengan un futuro seguro con salario y seguridad social, cosa realmente escasa ya en una país como Colombia. Por eso y porque conozco a muchos de ellos, algunos estudiaron conmigo en el colegio, es mi gran preocupación. Conozco algunos que en verdad tuvieron la opción de las fuerzas armadas o militares como única salida de la pobreza; conozco varios que sus familias tuvieron que vender carros y casas para pagar matrículas, pero lo cierto es que valió la pena, pues hoy noto con satisfacción que tienen una vida más tranquila y no aguantan hambre. Sin embargo, también es cierto que en mis conversaciones informales con ellos desde hace ya muchos años he notado inconformismo por demoras excesivas en los ascensos, por acoso laboral innombrable y por muchas malas condiciones que en público ninguno de ellos expresará jamás. Noto que lo único que ellos quieren es trabajar en paz y volver sanos con sus familias, lograr una pensión y tener una vida tranquila, muchos se sienten incómodos y no les gusta que se les utilice como una herramienta bélica en contra de ciudadanos indignados, pero la libre expresión no existe para ellos, les está prohibida. Que tristeza por nuestros policías y militares, deben ser muy cuidadosos, pues al final, siempre los dejan solos como culpables únicos por exceso de fuerza y desmanes mientras que los verdaderos culpables han logrado salirse con la suya…¿Cuándo cambiará la triste realidad de nuestro país?
Es fácil entender cómo un empresario rico, sus amigos y familiares, sean defensores panfletarios y propagandistas de políticos de ultraderecha, ya que tales personajes siempre les han favorecido y les favorecerán con contrataciones públicas y demás negociaciones con sus empresas y sus muchos negocios personales que les hacen cada vez más millonarios y les afianzan en esa misma “rosca” de la que es lógico que no quieran salir jamás. Lo más cierto también, es que tales roscas mayoritariamente “tienen ya en sus bolsillos” a la mayoría de los políticos realmente importantes que bien pudieran atentar contra sus intereses de manera contundente y real, así pues, lo más cierto es que como bien dice la canción: “la suerte está echada”, la administración pública seguirá siendo de los mismos y el resto “jodido”, las mayorías sin más oportunidad que su salario si es que lo tienen o de su actividad económica por informal que pueda ser. Resulta sin embargo curioso, ver a tantos pobres v...

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