Ya bien lo contemplaba el Buda Siddharta, la impermanencia del existir que fluye inevitablemente como movido por una ciega voluntad que le guía al ser, al simple existir inagotable, impermanente y eternamente mutable, desde sus características esencia y estructura…
Y nosotros los humanos, como todos los seres vivos, sujetos a tal naturaleza en “esencia y estructura”, padecemos la impermanencia desde la ignorancia lamentable del que se aferra a la vida, lo que no es más que una efímera llama que se extingue inevitablemente luego de un muy breve lapso de tiempo…
La ignorancia humana, desde su hábil inteligencia busca aferrarse a la vida inútilmente, apegándose de manera egoísta a bienes materiales y socioculturales que le brinden la falsa seguridad que tanto anhelan, para seguir negando inútilmente la verdad, la impermanencia del ser, de la vida y el fin inevitable en la muerte del sujeto…
Deberíamos desarrollar en nuestras consciencias la cierta presencia de verdades innegables como la fugacidad y la brevedad de la vida, tal consciencia debería hacernos pensar en la hora de nuestra muerte y reconsiderar lo que en verdad vale la pena en una existencia como la humana…
"Reflexiones sin Censura"(Por Fernán Tamayo)

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