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¿Y de la Corrupción qué? (Por Fernán Tamayo)

La corrupción se ha convertido sin duda en uno de los más duros flagelos de los pueblos latinoamericanos; Colombia, como uno de dichos pueblos ha venido sufriendo de tal mal desde tiempos antiguos, pues bien claro es cómo desde aquellos momentos de la naciente república en medio de los conflictos y la inestabilidad, las disputas y los desacuerdos llevaron a los primeros políticos o politiqueros de la nación a debatirse entre federalismo y centralismo, hasta que por vía de atentado, ilegal e ilegítimo, proceder de bandidos y renegados de la sociedad lograron acabar con Simón Bolívar. Así pues, los santanderistas terminaron por disputarse luego entre corrientes ideológicas lamentables como el liberalismo y el conservadurismo para convertir a la nación en el mismo moridero medieval latifundista de grandes hacendados monopolistas que oprimieron siempre a las mayorías de la nación usando a la religión como estrategia de control de conciencias. Y es que hoy en día en nuestro país son los mismos descendientes de esa lamentable élite los que asumen el poder y la administración política, siempre han sido los mismos, hasta el extremo de impedir que un hijo de las mayorías como Jorge Eliécer Gaitán llegara al poder para repartirse ellos la nación por turnos en lo que sería el asqueroso Frente Nacional. Es claro pues, que siempre ha sido válido para conservación del poder y los privilegios las trampas y la violencia, cosa que se ha ido reforzando en la mentalidad de la mayorías como eso de que “la rosca no es mala, lo malo es no estar en ella”; pues bien, consideraciones como esa, son las que hacen de Colombia y del mundo entero una sociedad lamentable, desigual, injusta y decadente desde la perspectiva moral. Y es que ¿acaso existe una Nación que podamos considerar ejemplo? Pues lo cierto es que no, pues si bien es cierto que algunos países tienen muy buen nivel de vida siguiendo las prescripciones básicas del estado social de derecho desde una perspectiva social-democrática, lo cierto es que esos mismos países han demostrado a lo largo de su historia un lamentable e inmoral accionar en la política económica internacional, pues si bien cuidan de sus intereses como nación, han sido y algunos siguen siendo imperialistas y hegemónicos en detrimento y desventaja de muchas otras naciones del mundo, naciones explotadas injustamente y sometidas al subdesarrollo sin más posibilidad de salir del dicho subdesarrollo que las posibilidades que les brindan los lamentables y fraudulentos tratados internacionales. Pero ¿dónde quedan las mayorías? Pues pensando en que hay que hacer algo, los ciudadano de a pie, la gente del común sin más educación que la que le ha permitido su paupérrima condición socioeconómica lo único que piensa es en sobrevivir y conseguir lo más que pueda para satisfacer sus necesidades básicas e incluso sus necesidades culturales. Pero ¿qué es eso de necesidad cultural? Pues bien, al hablar de necesidad cultural hablamos de todo aquello que la tradición, la historia y la cultura mediática han sabido grabar en la mente de las masas; pues aunque bien claro es que el auge de los medios, la internet y las redes es un fenómeno más bien reciente, no lo es así el consumismo, que ha estado envenenando las mentes de la sociedad desde el siglo XIX, y aunque es cierto que ahora por el auge de los medios y la internet tiene mucho poder de persuasión y configuración social este consumismo, a lo largo de la historia del mundo y de Colombia se puede confirmar la influencia de tal ideología de vida en los destinos de la nación. A estos ideales de vida que la desigualdad socioeconómica y la mala gestión de la política social en Colombia habían marcado tan negativamente con el surgimiento de las guerrillas, se sumaría luego el flagelo del narcotráfico, y ese accionar claro y popular de los carteles de Medellín y Cali, hasta los posteriores, que inundaron la mentalidad de la gente del barrio del “populacho sufriente”, en especial de la juventud ávida de una vida tal como la mostraba ya la televisión desde los años 70 y 80 promoviendo consumismo y creando creciente conciencia de la existente desigualdad social, e inundaron la mente precisamente con la idea de que se podía ser rico rápido y a las malas, como una respuesta y una oportunidad a su resentimiento social cultivado y promovido desde las políticas económicas de las élites de la nación hasta su lamentable estado. Así pues los carteles no sólo trajeron muerte y guerra en las calles, sino que reforzaron la mentalidad del crimen y la delincuencia, del conseguir las cosas rápido y a las malas como una posibilidad real y legítima de vivir para el pobre y el excluido. Pero como no todo ciudadano tiene el carácter temerario y arriesgado de un delincuente, la mayoría se dedicó a aprovechar las oportunidades que la vida les ofreciera para sacar el mayor partido posible, lo que en el lenguaje popular suele decirse como: “papaya puesta, papaya partida”. Es esta sin duda la lamentable mentalidad que se encuentra en todos los sectores de la sociedad, desde los ricos hasta los pobres, y con la lamentable oligarquía de nuestro sistema que hace de una campaña política un asunto millonario, son sólo los ricos “mañosos”, por llamarlo de alguna manera, los que logran acceder a las “maquinarias electorales tradicionales”, para seguir usurpando los puestos del ejecutivo y del legislativo y desde allí seguir disponiendo del presupuesto público. En últimas hay que reconocer sin duda que esto es un asunto de educación y buen ejemplo, ejemplo desde el núcleo familiar hasta en la escuela; pero ¿será que en un Estado lleno de corrupción colabora con la educación y el desarrollo de la honestidad y la transparencia en el individuo, en el ciudadano de a pie, de la cotidianidad, del día a día? ¿de los que se debaten a diario en la guerra del centavo, la informalidad y el desempleo? Sin duda no colabora, ejemplos de líderes como Ernesto Samper y el proceso 8000, Samuel Moreno Rojas y el carrusel de la contratación, por no mencionar a tantos como Álvaro Uribe y el paramilitarismo y todos los condenados del partido de la U y Cambio Radical. Sin duda, desde la misma clase política se promueve la mentalidad de lo torcido y de taparles la boca a los sapos, desde el asesinato de Jaime Garzón hasta la matanza de siempre de líderes sociales en Colombia. Pero ¿Cuándo va a mejorar Colombia? Pues bien, es que no es sólo Colombia, es el género humano, aunque hay que reconocer que en Colombia existe el ambiente propicio para crear ciudadanos corruptos. Aunque hay que reconocer también que la humanidad responde aún en su comportamiento a patrones biológicos básicos, tal como lo plantea el doctor Edward O. Wilson desde Harvard, y es que se evidencia con certeza que lo humano es una lucha por la supervivencia y por el predominio competitivo desde lo político-económico hasta lo socio-cultural; lo que los humanos buscamos en últimas es la satisfacción de nuestras necesidades, pero cuando el sistema político-económico de alguna manera genera desigualdad y pobreza por promover una competitividad desigual que produce lamentables resultados, siempre habrá un sector marginado de resentidos capaces de lo que sea, aún más viendo que grandes ejemplos de corrupción vienen de las élites sociales de políticos ricos descendientes de ricos oligarcas tradicionales como Ernesto Samper y Samuel Moreno Rojas. Considerando incluso la lamentable situación internacional, la corrupción de los países, los secretos de estado el espionaje desde la CIA y la extinta KGB soviética, las relaciones desiguales de Estados Unidos con el mundo y su agenda intervencionista bien criticada por Noam Chomsky en su obra; es claro que la corrupción es todo un fenómeno humano desde la más pequeña hasta la más grande escala, es una estrategia humana de jugar a ganar siempre acomodándose así sea fraudulentamente a las condiciones y reglas sociales que condicionen su proceder. La competencia humana que no es otra cosa pues que la competencia de las especies por sobrevivir y predominar sobre sus competidores, ha sido claramente agudizada por las capacidades tecno-científicas y militares, incluso, cabe reconocer que la cultura mediática y la gestión del marketing político y comercial ha sido una estratégica manera de sobreponerse unas culturas sobre otras para terminar imponiendo sus sistemas político-económicos y sacar ventaja de los pueblos conquistados culturalmente y en su mentalidad. Sin embargo, cabe también considerar aquí las objeciones de muchos pensadores y analistas que no ven con buenos ojos los postulados de Wilson por considerarlos una ideología neoliberal que quiere convencernos a todos de que no hay más opción a la naturaleza humana que la libre competencia, tal como la planteara un día Smith con la “mano invisible del mercado” el mercado supranacional. Aunque al perecer tales críticos tienen razón en algo, y es que tales consideraciones de Wilson pueden sin duda prestarse a interpretaciones neoliberales tales que terminen acercándose incluso al lamentable darwinismo social y hasta la eugenesia, lo que llevaría los niveles de corrupción internacional al máximo, incluso de sometimiento de unas naciones a otras, creciente xenofobia y discriminación. ¿Qué hacer pues ante la corrupción en Colombia? Pues seguir insistiendo en la educación de la juventud y en el buen ejemplo que como adultos podamos dar a las mismas.

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