NUESTRO MUNDO ESTÙPIDO
El mundo se volvió estúpido, basta con mirar la sociedad en las calles, en nuestras comunidades donde multitudes se debaten a diario en la “guerra del centavo”, desde el conductor de la buseta, el taxi, la motocicleta, el tendero, el vendedor ambulante, todos sin duda inmersos en su cotidianidad; una existencia sometida por las condiciones político-económicas de una sociedad decadente plena de desempleo, pobreza y miseria que inunda hasta las mentes de los ciudadanos cuando comienza tocando sus estómagos.
Los escándalos por corrupción se hacen cotidianos y crean como una especie de “cultura retorcida” que desgraciadamente parece funcionar en todos los estratos.
Las multitudes viven de la farándula, las redes sociales, los teléfonos inteligentes y el fútbol, parece que ello constituye como una especie de opio que en gran medida mantiene al individuo como inepto, sometido a la masa, llevado de la colectividad, cada vez más carente de un sentido crítico propio, reemplazado por el qué dirán de su círculo social.
En un país donde aproximadamente el 70% de la población se puede considerar pobre, parece que el empeño de los políticos de la élite oligárquica por mantener en mal estado el sistema educativo está dando ya lamentables resultados; segundo decenio del siglo XXI y nada mejora.
¿Hasta cuándo será lamentablemente estúpida nuestra sociedad y seguirá sometida por las sutiles corrientes que promueven los medios de comunicación?
Es fácil entender cómo un empresario rico, sus amigos y familiares, sean defensores panfletarios y propagandistas de políticos de ultraderecha, ya que tales personajes siempre les han favorecido y les favorecerán con contrataciones públicas y demás negociaciones con sus empresas y sus muchos negocios personales que les hacen cada vez más millonarios y les afianzan en esa misma “rosca” de la que es lógico que no quieran salir jamás. Lo más cierto también, es que tales roscas mayoritariamente “tienen ya en sus bolsillos” a la mayoría de los políticos realmente importantes que bien pudieran atentar contra sus intereses de manera contundente y real, así pues, lo más cierto es que como bien dice la canción: “la suerte está echada”, la administración pública seguirá siendo de los mismos y el resto “jodido”, las mayorías sin más oportunidad que su salario si es que lo tienen o de su actividad económica por informal que pueda ser. Resulta sin embargo curioso, ver a tantos pobres v...

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