Es curioso ver por las calles a ladronzuelos miserables que son linchados por el pueblo enardecido; ¡claro! Es que a esos si se les puede pegar, porque son miserables, pobres, son parte de la masa, del pueblo enardecido que de muy diversas maneras manifiesta su malestar con el sistema, aunque se deje siempre oprimir. Pero con los que no se puede es con los de “cuello blanco”, porque esos sí que están “bien preparados para robar”.
Pregrado, maestría y hasta doctorado; altos cargos; por lo general públicos, porque en las empresas privadas hay un poco más de vigilancia y control de los recursos, pero en el sector público todo buscan truncarlo y sobornar hasta a los mismos funcionarios de los entes de control.
Casos como el del carrusel de la contratación en Bogotá con los nietos del difunto general Rojas Pinilla: Samuel e Iván Moreno, son casos bastante frecuentes en Colombia en casi todos los departamentos y ciudades, desde la más pequeña hasta la más grande escala, todo el mundo lo sabe, hasta lo suponen, todos quieren una tajada de la torta; sobornos y tajadas ruedan por montón, al parecer saben bien cómo mantener la impunidad para tales actos.
Siempre honorables, siempre “respetados”, a ellos no se les puede acercar el pueblo enardecido, ninguno piensa con respecto a ellos en un linchamiento y eso que ellos no roban una billetera o un celular, ellos cuando roban, lo hacen del presupuesto público, del dinero que todos pagamos en impuestos; “maquillan” las cuentas y sacan una tajada muy gorda, una tajada que por lo general la mente del ciudadano común no alcanza a imaginar.
Del ciento por ciento de esos de “cuello blanco” sólo cae un cinco por ciento tal vez, si no es a veces mucho menos, lo peor es que así se mantiene la Nación, “saqueada”, “asaltada”, por “los que se han preparado para robar”…
Es fácil entender cómo un empresario rico, sus amigos y familiares, sean defensores panfletarios y propagandistas de políticos de ultraderecha, ya que tales personajes siempre les han favorecido y les favorecerán con contrataciones públicas y demás negociaciones con sus empresas y sus muchos negocios personales que les hacen cada vez más millonarios y les afianzan en esa misma “rosca” de la que es lógico que no quieran salir jamás. Lo más cierto también, es que tales roscas mayoritariamente “tienen ya en sus bolsillos” a la mayoría de los políticos realmente importantes que bien pudieran atentar contra sus intereses de manera contundente y real, así pues, lo más cierto es que como bien dice la canción: “la suerte está echada”, la administración pública seguirá siendo de los mismos y el resto “jodido”, las mayorías sin más oportunidad que su salario si es que lo tienen o de su actividad económica por informal que pueda ser. Resulta sin embargo curioso, ver a tantos pobres v...

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