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Ambientes Académicos y Sectores Sociales (Por Fernán Tamayo)

Es sorprendente ver cómo en algunas escuelas muy buenas de carácter privado, los estudiantes evidencian una costumbre de estudio y trabajo que los hace ser pequeños responsables y entregados con especial dedicación a sus tareas y demás labores escolares, pero más sorprendente aún es ver cómo en muchas escuelas públicas los estudiantes son por lo general despreocupados y poco dados a las labores académicas; de alguna u otra manera se evidencia que muchos de los chicos de las escuelas públicas parecen no estar muy interesados en las actividades académicas ni en los frutos que por medio de las mismas se pueden obtener. Es necesario empero, no generalizar arbitrariamente, pues hay escuelas públicas muy bien llevadas y con muy buenos estudiantes. Sin embargo, al observar con atención a los malos estudiantes o “estudiantes problema”, se nota que existe alguna situación particular que desde sus familias les motiva a ciertas conductas indeseables e influenciables por parte de corrientes culturales, modas o compañías. Aun así, muchos “estudiantes problema” evidencian en tal o cual medida sus talentos académicos o deportivos, lo que es muestra de que en realidad son solo seres humanos que necesitan ayuda. Cabe anotar también, que esta consideración de “estudiantes problema”, es válida tanto en las escuelas públicas como en las escuelas privadas, y resalta el papel de los padres y del ambiente familiar en el sano desarrollo de los estudiantes. ¿Dónde radica entonces la raíz del asunto? Pues en el contexto familiar y social inmediato que circunda al estudiante, ya que es dicho contexto el que le forma y estructura desde sus inicios dándole desde identidad y estilo de vida hasta seguridad o inseguridad, alta o baja autoestima y constituye sin duda un motor fundamental para el desarrollo de tareas y todo tipo de actividades que pueda desarrollar el individuo tanto en la escuela como entre sus amigos. Pero ¿Qué es lo que configura a los sectores sociales? Pues las políticas públicas, la inversión social, el empleo, las condiciones de vida digna, la gestión de seguridad y presencia efectiva de la fuerza pública, que debe garantizar el bienestar y la tranquilidad de todos los ciudadanos. Pero ¿Es efectivo el Estado colombiano y su fuerza pública? Pues si lo analizamos con cuidado, observaremos que no es efectivo ni eficiente y por su pésima gestión social desde las administraciones públicas se generan consecuencias desastrosas como la delincuencia, la violencia y todo lo que de ella depende en nuestras comunidades desiguales desde la perspectiva socioeconómica, puesto que vamos desde la más vulgar delincuencia común hasta los más distinguidos ladrones de cuello blanco. ¿Cuándo va a mejorar así la condición general de la educación en Colombia? ¿Acaso no son las élites de cuello Blanco las que determinan la gestión pública en nuestro Estado colombiano? ¿Acaso estamos dentro de una olla podrida?

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